Por Guillermina Castro
Coreógrafa y bailarina, Diana Szeinblum trabaja con la materia, el cuerpo y los detalles. Tras su paso como bailarina por el Teatro General San Martín y por la Compañía F.T.S. bajo la dirección artística de Pina Bausch, inició una larga y extensa trayectoria como coreógrafa marcada por la investigación y la experimentación, tanto escénica como coreográfica. En esta entrevista Diana nos habla de aquello que caracteriza su trabajo, su formación y lo que le parece fundamental a la hora de encarar un nuevo proyecto.
Para comenzar, ¿nos querés contar un poco de tu formación?
Yo empecé a bailar de muy muy pequeñita. A los cuatro años le dije a mi madre que quería ser bailarina y aquí estoy. Empecé tomando clases con Ana Itelman, fué muy importante para mí. Después tuve una gran y larga formación en mi espectro de bailarina, por ejemplo también hice teatro con Augusto Fernandez. En el año 2000 conozco al filósofo Raúl Cerdeiras, que fue maestro mío durante doce años. En un momento entre todo esto me fui a Alemania, donde estudié y bailé, luego volví aquí y me puse a trabajar. Esa es mi formación, así sin más.
¿Hay algo específico en tu formación que creas que “marca» tu estilo?
No, mi estilo lo marco yo, no quiero decir que reniego de mi trabajo con Pina (Bausch) o de mi trabajo con Ana Itelman, pero eso no quiere decir que mi estilo sea por Pina ni que sea por Ana.
¿Crees que hay algo específico en tu formación que haya marcado una forma de organizarte y trabajar con el espacio y el cuerpo?
Si, mi trabajo y mi estudio con Pina, me han dado una especificidad en relación al movimiento que es muy especial, lo llevo conmigo en mi corazón y en mi trabajo. Ella y la escuela tenían una mirada específica sobre el cuerpo moviéndose y eso es algo que creo que me marcó muchísimo a la hora de de ver y entender la coreografía.
¿Qué consideras “característico» de tu forma de trabajar con el espacio y el cuerpo?
A mi me interesan mucho las formas mínimas y los gestos mínimos. Los gestos mínimos en espacios, en los espacios en general, ponerlos en relación al interior del cuerpo, a la relación del cuerpo interior con el cuerpo exterior y el cuerpo exterior en relación al espacio. Eso me ha enseñado que el gesto mínimo es un lugar donde me interesa mucho permanecer y que me abre un universo para mi desconocido.
¿Solés inspirarte en algún concepto particular o un tipo específico de libro a la hora de llevar a cabo tus trabajos? Como en el caso de tu último trabajo “Mi contundente situación” donde parte de tu inspiración fué el libro de León Rozitchner “ Materialismo ensoñado”
En general si. Igual, justo este fue muy característico porque era un libro que yo estaba leyendo y me llevó a este concepto coreográfico particular. Pero muchas veces empiezo con un tema que me interesa y por ese tema voy a lecturas y esas lecturas me inspiran o me llevan por caminos. Trabajo muy en relación a las lecturas que hago, que me acompañan.
¿Hay algún concepto que sea transversal a todos tus trabajos?
El deseo, el deseo de hacer, podría decir, es fundamental. El otro día pensaba, que más allá de las obras, hoy en día creo que lo que ha atravesado siempre mi trabajo con otres es que, siempre, más allá de lo que yo quería producir, mi interés siempre estuvo en la investigación y la experimentación. Mi intención como coreógrafa es, mi deseo, mi interés está mucho más en el proceso de ensayo y todo lo que ahí se produce que la obra en sí. El deseo siento que me caracteriza.
¿Notas cambios desde tu primer trabajo a los últimos que hiciste? ¿Algo para mejor, algo para peor, algo que hacías antes y ahora ya no?
Si, muchos. Yo cuando empecé a trabajar tenía mucha tendencia bauschiana, de hecho, mis dos primeros trabajos son muy en esa relación con ese proceso de trabajo que justamente no dejaba que me retirara para investigar sobre las cosas sino que hacía que todo el tiempo yo tomara todas las decisiones, como si yo manipulara junto con el performer todo aquello. Trabajaba muy en relación a, no a lo real, podría decir, no a lo que uno puede manipular sobre lo que pasa, sobre lo que imagina, sobre lo que aparece, de forma aleatoria, en relación a la imaginación diría yo. Y en un momento tuve un cambio muy sustancial en mi trabajo, pasé a querer trabajar solo con lo real, solo con lo que existe, sobre la materia pura, quiero que sea la materia la que me guíe, no yo, ese fué un cambio sustancial en mi trabajo.
¿Y algo que mantengas en relación a tus primeros trabajos?
Bueno, lo que mantengo es esa visión y noción del cuerpo y su movimiento, esa especificidad que me interesa , el cuerpo en movimiento, eso lo mantengo y me interesa muchísimo, me interesó desde un comienzo.
¿Consideras que el contexto socio/cultural, las nuevas formas de relacionarse o de consumir arte y cultura que impacte de alguna forma en tu trabajo?
Yo creo que todo eso que pasa reafirma más mi trabajo, está tan abismalmente alejado de todo lo que son los dispositivos electrónicos, de esas relaciones que las personas entablan. Mi trabajo es tan opuesto, tiene que ver con el espacio, con el tiempo, con la sensación física, con el cuerpo que es tan opositor a todo eso que sucede. En definitiva reafirma mi trabajo
¿Pensaste hace unos años , cuando estaba la pandemia, si iba a ser posible seguir haciendo el mismo trabajo en caso de que las condiciones y restricciones del cuerpo y el espacio permanecieran para siempre?
No, creo que no hubiese seguido haciendo obras, de hecho en ese momento me parecía inútil “la obra” en ese estado de las cosas, no hago obras para pasar el tiempo y era una época en la que había que pasar el tiempo. No, no creo que hubiese seguido haciendo obras. Hubiese seguido seguramente, si seguíamos todos encerrados, trabajando, experimentando y dando mis seminarios sobre percepción, sobre formas del cuerpo para sentir otras cosas de las que sentimos habitualmente, la forma en las que nos movemos, cómo conectarnos con nosotros mismos, con los otros, hubiese seguido mi camino por ahí si siguiéramos en pandemia para siempre.
¿En qué estás trabajando ahora?
Bueno, digo yo que hay muchas formas de pandemia, cuando asumió Milei fué un parate total. En 2024 no tuve un solo trabajo y entonces se me ocurrió, yo tengo una pieza que se llama Adentro, es sobre folklore, siempre la hacemos a fin de año en noviembre en mi estudio. Bueno, ese año que no trabajé se me ocurrió seguir haciendo una especie de trilogía, armar una trilogía con las personas que componemos Adentro, la hacemos yo y tres performers, Barbara Hang, Andrés Molina y Pablo Castronovo. La idea es armar una trilogía, hacer una segunda obra y en el futuro una tercer obra sobre temas populares, el folklore, la primera obra que ya está hecha y pensar otros dos temas populares ya que me interesa mucho lo popular como forma de encuentro comunitario, ver una obra para que nos encontremos, para que tengamos la cultura en común, eso me interesa mucho. Entonces, pedí un subsidio y estamos pensando una segunda pieza para esa trilogía.
¿Tenés alguna recomendación o consejo para los estudiantes que en un futuro van a trabajar en carreras artísticas?
Es muy difícil, en este contexto me resulta muy difícil dar un consejo, siento que todos mis consejos o que todos mis procesos fueron tan diferentes a lo que sucede hoy en día que no se que les puede servir de lo que a mi me pasó. Hay algo que sí siento que hoy en día pasa mucho, creo que tiene que ver con las redes, con el encierro individual y con el estar con uno y ese monstruo que parece que te lleva a otros lugares pero no te lleva a ninguna parte. Bueno, voy a hablar específicamente de lo coreográfico, porque me parece que es donde puedo hablar sin bajar línea. La coreografía es un lenguaje muy complejo, muy extraordinario, multiespecífico, ecológico y requiere algo que en este momento no está al alcance fácil de nuestras manos, requiere de permanencia, insistencia, frustración, la idea del tiempo y el espacio, la posibilidad de abrir espacios, creo que todas cosas van a contrapelo de lo que está sucediendo hoy en día y que la coreografía puede ser, es una gran práctica para ir en contra de este monstruo que está construyendo este mundo capitalista.
Fotografía: Jazmín Tesone